No creí en ese Cancún

No creí en ese Cancún

#Contrastes 

Por Zuleika Cáceres

Quienes llegaron a Cancún hace poco más de 30 años viven una realidad que  nunca hubieran imaginado. El propósito era muy claro y las circunstancias ayudaban a cumplir el anhelo de muchos. El desarrollo de un destino que prometía oportunidades, crecimiento, paz, seguridad. Un entorno ideal para cualquier familia.

Y así fue, Cancún logró su objetivo y lo superó, tanto que en la actualidad ocupa una posición vertiginosa en el sector turístico; lo demás es historia.

Las familias salían sin temor a las calles, los niños -de ese entonces- andaban libremente a las puertas de las casas que aun permanecían sin protectores o cercas eléctricas.

Al crecimiento y éxito de este polo vacacional se incrustó la delincuencia, más bien dejaron que se incrustara y nos rebasara,  las consecuencias las vivimos a diario.

Cancún amanece con ejecutados, balaceras  y asaltos, pero más allá de la incertidumbre, del temor y horror que nos envuelve, la percepción de que las cosas cambien es cada vez más lejana; el sentir es evidente.

Somos parte de esas familias que llegaron, quienes aquí nacimos disfrutamos de aquel paraíso, caminamos por sus playas vírgenes y crecimos junto a su desarrollo. Con el paso de los años también creí en ese Cancún para mis hijos, no en el de ahora donde un descuartizado aparece en cualquier esquina, las balaceras te  

toman por sorpresa y los asaltos persisten. No creí en ese Cancún.

Frente a sus ojos, los de mis hijos,  está la violencia, a unos cuantos metros la pregunta es obvia ¿otra una balacera mamá? La respuesta es la misma. 

Es el triste acontecer de todos los días. A más de 30 años parte de esas familias ya no están, otras aun permanecen. Restaurantes y comercios también sobreviven a los embates de la delincuencia porque Cancún se ha convertido en eso, en tierra de delincuentes donde por cierto, los feminicidios no existían. 

Los servicios públicos, la falta de atención a sus calles, de infraestructura y vialidades,  tampoco están a la altura de un destino que recibe miles de visitantes e ingresa millones a las arcas municipales. 

Cancún enfrenta todo, la naturaleza, la delincuencia a sus propios gobiernos y ciudadanos, así ha sido y seguirá siendo hasta ahora. No hay, al menos, signos de cambio. 

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REVISTA EN CONTRASTE

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