728×90 Header – zuleika
728×90 Header – zuleika
728×90 Header – zuleika

Violencia, nuestra contribución como sociedad

Violencia, nuestra contribución como sociedad

Contrastes

Por Zuleika Cáceres

El tema de la violencia es un asunto de educación, los gobiernos no educan. Podremos tener instituciones omisas y corruptas, justicia fallida, pero son las familias las que enseñan y muchas veces propician la violencia.

¿Qué podría aprender un niño que mira como golpean a su madre? solo dos cosas: a no seguir esa conducta o tener a un futuro agresor en potencia. Lo mismo ocurre con las niñas que observan a sus madres golpeadas física y psicológicamente. Éstas tendrán en la vida dos alternativas: crecer con la firme idea de no padecer el salvajismo o continuar con un patrón enfermizo para ella y su futura familia.

Somos omisos, igual o peor que las autoridades. Podemos ser testigos de un acto de violencia y no hacemos nada, el caso Addisbel es un claro ejemplo que nos ha dejado al descubierto como sociedad. Sus gritos se escucharon, pero el silencio alrededor de ella fue mayor.

Nos enfrentamos a muchos problemas relacionados con la violencia. La sumisión es muy recurrente entre las mujeres. No denuncian, prefieren callar y perdonar. Cuántas veces hemos escuchado que el agresor, el padre de sus hijos, que será perdonado.  No podemos seguir siendo tan cobardes ni faltarnos el respeto a sí mismas.

La violencia verbal y psicológica es más común de lo que parece, también permisible por muchas mujeres porque en el trato asumen con normalidad estas conductas.

¿Cuándo veremos nuestra propia realidad, nuestros errores, nuestra enorme contribución en este desorden social? Nunca, porque siempre será más  fácil responsabilizar al gobierno de todo, nuestro valemadrismo va más allá de una exigencia por la justicia, de grupos y organismos.

¿Qué clase de personas estamos educando cuando vemos en la calle a menores de edad faltándole el respeto a su madre?

No nos olvidemos del bullying en las escuelas porque que no se inventó solo, pero los padres no están y no quieren estar atentos a sus hijos,  en casa no conocen de respeto, menos de valores y principios.

Mucha de la responsabilidad recae en el profesor que ahora además de enseñar debe estar vigilante de niños agresivos. Pero nadie sale librado de este asunto que ha cobrado vidas. También hemos visto casos de maestros que agreden a sus alumnos y estudiantes que desquitan su furia y frustración contra sus compañeros. Lo peor, es que ante los innumerables casos de violencia en las instituciones muchas son las madres de familia que optan por hacerse de la vista gorda, aquí no pasa nada porque es mejor no meterse en problemas. Vaya que he sido testigo.

Quienes algunos hacemos lo posible por educar a nuestros hijos con respeto, otros no le dan importancia.  Nos topamos con que algún compañerito es el más rebelde del salón y con graves problemas de conducta ¿la razón? sus padres están ausentes, divorciados y cada uno por su lado, aquel menor solo refleja una enorme demanda  atención. En ciertos casos, las posibilidades alcanzan para que sus hijos permenzcan bajo el cuidado de una “muchacha” y un chofer cuya autoridad es inexistente.

En los expedientes del Fiscalía General del Estado abundan los casos de padres violadores y madres que, en muchos casos, solapan el abuso. El desarrollo de la persona atacada sexualmente no será el mismo a la de alguien que ha vivido en el seno de una familia normal. Las secuelas permanecerán por siempre.

Y así, podremos seguir enumerando nuestras fallas  sociales que son  interminables.

Todos somos culpables y no vemos nuestros errores, es más fácil criticar y señalar al gobierno y dejar en manos de una sola persona la responsabilidad de acabar con un flagelo de grandes dimensiones, una violencia a la que hemos contribuido.

La autoridad puede ser omisa y corrupta, insisto, pero como seres humanos somos igual o peor.

Lanzando insultos y toda clase de improperios contra un gobernante a través de las redes sociales, no nos hace mejores personas, eso también es violencia. Incitar a un linchamiento resulta peor. Nos negamos a ver nuestro grado de culpabilidad, finalmente es más fácil y redituable responsabilizar a la autoridad. Grupos y organizaciones salen a las calles para exigir y demandar justicia, pero  ¿cuantas veces nos exigimos ser mejores personas?

Facebook: Zuleika Cáceres

Twitter @Zuleika_Cáceres

Instagram: z_caceres

zuleikacomunicaciones.com

revistaencontraste.com

REVISTA EN CONTRASTE

About The Author

Espacio de opinión, noticias y temas sociales

Related posts

728×90 Header – zuleika
728×90 Header – zuleika
728×90 Header – zuleika